
El Taller de la incertidumbre puede ser entendido como un observatorio de estudios contextuales que promueve actividades artísticas educativas e invita a implicarse y profundizar en las relaciones del arte con la sociedad.
El Taller de la incertidumbre parte de la idea de que la naturaleza es discontinua, inestable y dinámica y que posee un carácter transmutable. Utiliza el tiempo como herramienta experimental para desvelar los códigos que maneja la publicidad mediática para narrar el espacio. El taller crea, diseña y construye un «rostro» que en determinado momento adquiere forma, se hace visible, para que las diversas disciplinas artísticas entren en relación con el «otro», el «que mira».
El Taller de la incertidumbre no olvida la creciente importancia científica de la contingencia, la indeterminación, las posibilidades inesperadas, la diversidad de la naturaleza y el escepticismo acerca del comportamiento de la realidad para cuantificar sus fenómenos o para preverlos.
El Taller de la incertidumbre presenta una experiencia discontinua del espacio y del tiempo que exalta el presente como lugar donde habita la memoria, lo transitorio, lo elusivo y lo efímero. Todo está pasando ahora. El pasado no ha pasado.
El mundo que todos habitamos en la actualidad se ha convertido en un espacio liviano, fluido, sobre el que las sociedades, las culturas y los individuos flotan azarosamente a la deriva, desarraigados, frágiles en un universo inconmensurable.
El Taller de la incertidumbre se detiene y observa la falla de bases sólidas en las que situar nuestra existencia y, por tanto, la percepción de desamparo en la que vivimos en la actualidad.
El Taller de la incertidumbre es una actitud reñida con la inmediatez, la urgencia, la prisa. Reivindica un modo de relacionarse con la vida.
El Taller es prural, abierto, cambiante, enemigo de los juicios apresurados. Desde sus inicios en el año 1991 el Taller ha desarrollado los siguientes proyectos: Arquitectura Terminal (1994), Ciudadanos (2000), y Souvenir (2004).